Cuando en el primer discurso del flamante nuevo secretario general del PSOE solo le salen las palabras “unidad” e “integración”; cuando todo análisis de los delegados del 38º Congreso se resume en el balance de poder interno, y cuando todos se olvidan de hablarle a la sociedad española, es que el PSOE se encuentra en un estado de descomposición alarmante.
Tanto la unidad como la discrepancia en los partidos no puede ser cosa de personalismos, sino de ideología. Porque esto es política, no un pase de modelos.
No importa si Chacón grita destemplada, sino qué está diciendo cuando grita o cuando cuchichea. Ese es el problema del PSOE: chillen o susurren, su mensaje está muy lejos del año 2012.
Cuando un partido se mira y se habla a sí mismo, y se olvida de mirar y hablar a la sociedad, en la misma cueva en la que se ha metido está cavando su desaparición.
“Quiero un partido federal, pero no una federación de partidos”, anunció Rubalcaba como candidato a la Secretaría General. Ahora, una vez elegido jefe, va a tener muy difícil conseguirlo porque todo lo que ocurre ahí dentro es el ego sumado a otros egos personalistas.
Definitivamente, el PSOE aparece roto en tantos pedazos como federaciones y, dentro de ellas, hecho jirones por la adversidad interna. Lo veremos dentro de poco en los congresos regionales.
El problema del socialismo es que se han olvidado de pensar el mensaje para la sociedad del Siglo XXI. Lo que dicen suena tan viejo como verles cantar la Internacional.
La propuesta de romper los acuerdos con la Santa Sede no es una idea: es una ocurrencia. Y la elección de candidatos por los militantes y simpatizantes, lejos de convertirse en un homenaje a la democracia, va a suponer un desgaste personal y económico de cada agrupación local y regional que, a la postre, supondrá el desmembramiento del partido que más tiempo ha gobernado en España: un candidato no puede trabajar sin el apoyo del “aparato”, y el “aparato” no puede imponer sus normas a un candidato. Incompatibilidad manifiesta.
Rubalcaba perdió la oportunidad de hablarle a los españoles para decir qué país quiere, cómo lo quiere construir y hacia dónde lo quiere llevar. Hasta ser elegido secretario general, valían las frases hueras de consumo interno, y lo de la unidad y lo de la fortaleza del partido y todo ese rollo. Una vez en el cargo, los españoles quieren escuchar para qué se ha puesto ahí arriba.
Es la ideología lo que amasa la unidad en los partidos; los personalismos nunca han funcionado.
Ideológicamente, el PSOE está muy anticuado. Deberían revisar esa parte antes de repasar los nombres de los miembros de su Comité Federal, que son muy importantes, pero no importan demasiado a unos españoles que tienen problemas graves y quieren ver en el PSOE el modo de resolverlos.