Hubo un tiempo en España en que políticos irreconciliables supieron sentarse para construir nuestro actual Sistema de Convivencia. Tras la muerte de Fraga, me ha sorprendido la virulencia con la que han reaccionado algunos grupos, como si todo lo que el Fundador del PP ha hecho por España se resumiera en que había sido ministro de Franco.
El problema no es ya la incultura —cosa grave—, sino esa patente de corso que creen poseer algunos para denostar cualquier atisbo del espíritu de la Transición Democrática; esa licencia que se autoconceden para legitimar solo lo que se transmite desde posiciones de izquierda, olvidando, además, que mucha de la esencia del guerracivilismo está también en ellos.
A la muerte de La Pasionaria, imbuidos aún en el espíritu constitucional de la Transición, sucedió en España que los partidarios la aplaudieron y los adversarios guardaron respetuoso silencio; a la muerte de Fraga, ha habido quien ni siquiera ha respetado el luto por educación cívica.
Quizá esté siendo injusto con la sociedad en general y es que me hayan llamado la atención algunas brutalidades que leí en Twitter a los pocos minutos de conocer el fallecimiento del que fuera presidente de la Xunta (además de diputado, senador y eurodiputado), pero quedé escandalizado.
En mi ensayo “Así habló Zapatustra” ya señalé que lo peor de los siete años de Rodríguez Zapatero en la Moncloa ni siquiera fue la falta de previsión ante la crisis económica, sino su empeño en dividir a los españoles y en escarbar zanjas para encontrar huesos y tirárnoslos a la cabeza. Creo que, al final, Zapatero ha conseguido su objetivo, al menos en una parte de la sociedad: que se olviden del espíritu de la Transición y se embarquen en el enfrentamiento permanente, casi obsceno.
Fraga fue protagonista del cambio de régimen mucho más que otros; pero, sobre todo, supo perder elecciones sin rencor y ser leal a las instituciones desde la Oposición. Gracias a ello, hoy el centro-derecha español ocupa una grandísima franja ideológica sin el fantasma de esa nueva ultraderecha que ya se está haciendo fuerte en la Unión Europea. Y, además, hizo grande a Galicia; y, además, supo ceder el mando para que su partido siguiera creciendo hacia el centro; y, además… Además, muchas cosas: también se bañó en palomares, pero es más importante la creación de los Paradores Nacionales que aquel bañador.
Ha muerto Fraga; espero que nadie se haya cargado el espíritu de la Transición.