nov
28

Lamerse las heridas

La crisis en el PSOE no acaba más que comenzar. Y será larga si “la pelea” por lo que quieren queda en cosa de nombres y no de proyecto. Lamentablemente para los socialistas, ninguno de los personajes que están barajando tiene la auctoritas que se precisa para asumir la responsabilidad de un partido roto, que se está quedando sin cargos públicos y se ha instalado en el desánimo.

Rubalcaba aceptó la designación “a dedo” como candidato a cambio de ser el heredero de Zapatero. El fracaso de los 110 diputados parece que ha puesto al héroe en la pantalla de salida porque se ha quedado sin la energía que necesita. Pero entre los demás aspirantes tampoco hay quien le haga sombra.

El problema para la “refundación” socialista es encontrar un nuevo proyecto que no huela a viejo. Eso es mucho tomate. Un partido político tiene que expresar ideas políticas, y el PSOE lleva mucho tiempo haciendo de la política o un ataque enconado al PP o un dejarse llevar por las circunstancias.

Y así siguen: se defienden del desastre criticando al PP.

En el Comité Federal, Rubalcaba se mostró satisfecho porque el PP no había llegado a los 11 millones de votos. Vaya idiotez: aún estaría más feliz si hubiera dicho que no habían llegado a 15 millones. Y mucho más si pusiera el listón en 20 millones. ¿Y qué?

Así no solucionan su problema, que es muy grave. La crisis económica es solo parte de las causas del desastre. Con números económicos muy parecidos, Felipe González ganó a Aznar en 1993. Lo que ocurría entonces es que se veía en González a un líder y en sus teóricos una apuesta distinta. Parafraseando a Bono, el PSOE era un partido español y sólido; hoy es un cúmulo de federaciones egoístas y liviano como la personalidad de Zapatero.

Se están lamiendo las heridas, pero les queda mucho tiempo para erradicarse el mal. Tendrán que sentarse a reflexionar en serio. Quizás, en este minuto, sobran los micrófonos para que, entre ellos, se hablen en serio y luego nos lo cuenten.

Pero eso duele, ¿eh? Duele.