Sólo para información de los maledicentes: desde enero de 2006 no soy presidente de CARAT. Estoy muy orgulloso de haber presidido en España una de las mayores y mejores multinacionales de publicidad del mundo —que no una empresa mía, ¡más quisiera que fuera mía!—, pero dimití en enero de 2006, harto de que nos persiguieran.
Los del PP no nos daban contratos porque yo había sido portavoz del Gobierno; y los del PSOE no nos daban contratos por la misma razón.
Así que si ahora han ganado el concurso público del Xacobeo me parece estupendo y les felicito, pero dejen de poner mi nombre en medio, pandilla de memos.
La historia es muy sencilla. Cuando ganó el PSOE en 2004, planteé mi dimisión a la cúpula directiva de CARAT en Londres porque me temía que habría persecución. Como ahí fuera están civilizados, no se creyeron que podían hacer tal cosa en un país occidental en el Siglo XXI, así que la rechazaron (en ese mismo momento dimití como consejero de Rothschild y como estos son banqueros y se las saben todas, sí la admitieron).
Un año después, viendo cómo estaban las cosas, insistí en que debería de marcharme. Con las manos en la cabeza, comenzaron a admitir que las noticias que afectaban a CARAT no tenían sentido y que sólo podía ser causa de una persecución política impensable en cualquier otro país civilizado.
Así fuimos trabajando —incluso con preguntas parlamentarias sobre concursos públicos otorgados pública y limpiamente— hasta que Telefónica decidió suspender los servicios de CARAT para contratar a unos señores afines al PSOE en un concurso amañado: un escándalo que si hubiera dependido de la Administración hubiera sido declarado ilegal y sus responsables hubieran terminado en la cárcel por prevaricación. Pero como Telefónica es una empresa privada, puede hacer lo que le dé la gana.
Tras aquel atropello de los directivos de Telefónica, que actuaron de manera bochornosa para quedar bien con el PSOE y los amigos de Zeta, en Londres aceptaron mi marcha. Y bien que lo sentí y bien que lo sintieron.
Como es habitual en mí, me fui a mi casa sin indemnización alguna, pues no firmé ningún blindaje al entrar en la multinacional —ni tampoco lo hubiera aceptado, pues la persecución era contra mí, no contra ellos.
¿Conservo amigos en CARAT? Sí, todos. ¿Tengo algo que ver con los concursos que gana o deja de ganar desde 2006? No.
No, memos.