Ha dicho la presidenta de la Federación de Asociaciones de Prensa de España (FAPE), Magis Iglesias, que si los periodistas no aportan valor añadido se convertirán en profesionales innecesarios: ”Seremos irrelevantes y la sociedad prescindirá de nosotros”. Sin duda hay buena voluntad en su declaración, pero si la misma presidenta de la FAPE no cree en el valor añadido que ya de por sí tiene esta profesión, mal vamos.
Los periodistas no son innecesarios. Una sociedad libre los necesita más que nada. Los que sobran son los ejecutivos agresivos que asaltaron primero los periódicos y las revistas; después, las radios; luego las televisiones, y amenazan ahora con meter sus narices en Internet para cortar la libertad de expresión y el libre pensamiento.
Sobra la gente que no tiene ni idea de lo que es el periodismo, Aquellos que en el transcurso de no más de diez años se hicieron imprescindibles en las empresas porque convirtieron a los medios de Comunicación en máquinas de ganar dinero. Eso sí, se olvidaron de que lo suyo era contar la verdad y no tuvieron remilgos en sustituir la propaganda por la información.
El día que un ejecutivo tomó la decisión de cambiar una portada para que apareciera la fotografía de alguien que vendía más, aunque no fuera la noticia del momento, desapareció el periodismo y comenzó la venta de papel al por mayor. Los de Contabilidad pasaron a tener más importancia que las Redacciones
El periodista es imprescindible: agrio, malencarado, distante, pero plenamente y noblemente informado. Noticia es aquello que alguien quiere ocultar, y eso solo lo puede sacar a la luz el arrojo de un periodista.
Los ejecutivos negocian; los periodistas publican la verdad, duela a quien duela.
Es cierto que la publicidad se va del papel. Quizá las marcas se han hartado de de que los periódicos no tengan lectores, sino partidarios.
El único valor añadido del periodista es una libreta y un boli para apuntar datos, y luego juntar dato con dato, y más datos, y así llegar a vislumbrar esa verdad que alguien oculta. Pero cuando los datos están escondidos bajo una maraña de intereses y de camarillas, se acabó el valor añadido.
Los periodistas tienen que reflexionar sobre su rol. Acudir a ruedas de prensa multitudinarias debería ser cosa de secretarias, no de periodistas; corregir comunicados de Prensa, también.
El periodismo era otra cosa: era imaginar, olfatear, sacar una perla entre doscientas llamadas, buscar el contenido de una entrevista más allá del titular… Y sentirse libre. Mal pagado, pero libre. No sé si esto está hoy en el dietario de la profesión.
Los periodistas no son innecesarios. Las secretarias al dictado, sí.