En este momento de grave crisis en España echamos en falta líderes. Jefes. Gente capaz de echarse el país a la espalda. Personas preparadas para analizar lo que nos está ocurriendo y se arriesguen a contarnos la verdad, sin ambages. No sé si acertarán con las soluciones, pero es importante adivinar por qué hemos llegado hasta aquí y cuáles son las veredas que se abren.
Se hace insensato mantener el discurso gubernamental de que ya se ha pasado lo peor. Primero, porque no es cierto; segundo, porque no valen de nada palabras hueras cuando la gente esta sumida en una crisis que no es solo material, sino anímica, casi espiritual.
Tenemos que pensar en el sentido de nuestro modo de actuar en Occidente. Desde luego, en España: algo hemos hecho mal en estos treinta años de Democracia que nos lleva a no creer en nosotros mismos, a proclamar que saldremos de ésta cuando se salven los demás, a negarnos la posibilidad de ser nosotros los que manejemos nuestra propia vida.
Si la solución es Cáritas, estamos perdidos; si la propuesta es el egoísmo regional, no saldremos; si la decisión es esconderse, no merece la pena levantarse por la mañana; si no tenemos intelectuales, políticos, artistas que reflexionen sobre nuestras carencias y nuestras virtudes, seremos manipulados por otros. Incluso, por nuestros enemigos.
Un país sentado frente al televisor a ver cómo follan los niños de Físicay Química y de OT y de cualquier otra marranada es un país muerto. Recibimos el mensaje bobón de que no hay mal que cien años dure y que mejor recibir una subvención de parados que ganar siete mil euros. Con estas propuestas, nos vamos a suicidar colectivamente.
Faltan líderes. No para que nos den esperanzas vanas, sino para que asuman la responsabilidad del reto y nos hagan cómplices de sus decisiones, por muy atrevidas que sean.
Siendo vulgares no salimos de aquí; siendo mediocres, nos asaetearán; siendo cobardes, veremos nuestras ciudades llenas de pobreza; escondiéndonos, nos encontrará la desesperación.
A lo mejor tenemos que empezar de cero, nunca se sabe. A mí no me da miedo. Pero es vital que lo analicemos y lo hagamos todos juntos. Una cosa parece cierta: si no llegan líderes que nos lo propongan, partiremos de cero, efectivamente, pero sin un solo plan para el día siguiente.
Lo peor de todo es que no está escrito que seamos imprescindibles en ningún lugar de la historia futura, salvo que nosotros mismos nos lo creamos y luchemos por ello.