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EXALTACIÓN DE LO LAICO

1210420097377publico-detdn1La izquierda ha llegado a la conclusión de que para tener manipulada a la sociedad conviene una estrategia demoledora contra todo lo que suene a principios. De tal manera, que si los padres educan a sus hijos lo que hacen es Interferir, y si alguien osa creer en Dios No es demócrata. Es el mejor modo de actuar para que tenga éxito su arbitrariedad populista, que se resume en la frase Todo vale si lo digo yo.

En un mitin, Zeta identificó la Democracia con lo laico; sensu contrario, igualó a los antidemócratas con los que tienen creencias religiosas. La frase no es casual, sino expresión de su profundo pensamiento de que él, la izquierda radical, se siente obligado a despojar de valores a la sociedad para poder manipularla sin problemas. Ustedes no crean, no piensen, no duden, no pregunten: asuman.

Incide en el patrón de su desarrollo ideológico relativista desde que llegó al poder, resumido en el concepto del ‘Cinturón sanitario’: todo el que no piense como yo no es demócrata y debe de ser  expulsado del debate político.

Bajo este paraguas, legisló su Educación para la Ciudadanía, su Memoria histórica, el aborto libre o el despojo de la autoridad paterna. Se trata de erradicar la sensatez. La izquierda necesita conceptos extraños para desarrollar su nueva sociedad pero -dado que están sin referente ideológico desde la caída del muro de Berlín- lo que les viene mejor es destruir lo que hay ahora. ¿Qué será lo nuevo?, pues ya lo veremos: lo que les apetezca.

Lo peor es que Zeta parte de una base falsa: Europa no se construyó desde el laicismo, pero sí desde la Democracia. La Unión Soviética sí se edificó sobre el laicismo, y no desde la Democracia. Eso sí, la izquierda aún no ha pedido perdón por las barbaridades de sus gobiernos laicos.

Sirva un ejemplo de actualidad: ¿Por qué utilizan aviones del ejército para sus mítines y les parece mal que se critique, o por qué colocan sin rubor a sus hermanos y parientes? Porque son ellos los que miden los nuevos valores y, como siempre ocurre con la izquierda, confunden el bien público con su propio beneficio. Y el que no les permita hacer lo que les viene en gana no es demócrata.

Despojada la sociedad de principios de convivencia y de valores éticos, ellos se encargarán de redactar unos nuevos a su modo y con una condición: la izquierda representa la Democracia, y el que no piense igual, no tiene derecho siquiera a decirlo porque es viejo, facha e indecente.

Así se organizan y así nos gobiernan.