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ZETA: PACIENTE CERO DE LA UE

Andan los dos igual de sonrientes e inconscientes de la que han liado. Dirán un día “la he armao parda”, como aquella socorrista que envenenó a una urbanización entera con líquidos de piscina, pero, de momento, se sonríen. Uno chupa de los Presupuestos Generales del Estado y gestiona su propia alucinación comprando a los sindicalistas ya los banqueros; al otro, le han regalado un helado de fresa.

Zeta es el paciente cero de la economía europea; Edgar es el niño al que la OMS culpa de haber creado la pandemia que atiborra los informativos de las televisiones. Zeta destroza las estadísticas de creación de Paro en la UE y sus datos económicos arrastran a todos al abismo, pues no hay quien haga medias con España; Edgar sólo jugaba en su pueblo de Veracruz y no entiende por qué llegó el gobernador en helicóptero para charlar un rato con él.

Pero a los dos les hacen fotos, y los dos sonríen, encantados de estar ahí, en el medio de la película. A Zeta le da igual posar por haberse convertido en el peor gobernante de Europa, el que más Paro crea, el que más malgasta sin sentido, El Incapaz. El niño Edgar tiene excusa: él no sabía que podía hacerse famoso por jugar en la calle.

Zeta es el paciente cero de la UE, de donde nacen todos los males: deuda, déficit, empobrecimiento, paro, desconcierto, desánimo. De momento, le parece divertido. Incluso le dan palmaditas en la espalda: lo cierto es que cuanto más tarde en recuperarse España, antes lo harán los demás. Por eso le aman. Están encantados de cruzarse con el más incompetente, con quien no representa riesgo para los intereses de los demás. Pero él sonríe y dice que es amigo de los trabajadores. Y que la salida de la crisis será social, cuando no hay nada más antisocial y antitrabajadores que crear Paro.

Zeta sonríe porque le resbalan las críticas, como a los dictadores. El niño Edgar toma un helado de fresa.

La diferencia entre los dos pacientes cero es que uno es responsable de la enfermedad que está expandiendo; el niño, no.