Zeta ya ha llegado a la conclusión de que sobrevive a una conspiración universal y de que él, ÉL, es el único hombre que se ocupa de los grandes hechos de la Historia porque los demás le critican por “cosas pequeñas”. Lo gritó con bolsas bajo los ojos sin vida: ya no duerme. Zeta ya no es el metrosexual que creía que con diálogo y talante se solucionarían todos los problemas, y que el dinero público era una fuente inagotable de recursos para improvisar cualquier ocurrencia. Es un zombi que pasea por La Moncloa dictando listas de enemigos y jurando venganza al aire.
Su receta es la más antigua de los dictadores: “que os resbalen las críticas”. Son los demás los que se equivocan; sólo persiguen hacerle daño a él, ÉL, que se desvela por el bienestar de todos. Pero esas críticas se basan en “cosas pequeñas” porque él, ÉL, tiene en su cabeza las grandes líneas de la Historia.
No hay dictador que no haya pensado eso, ni gobernante en el final de sus días felices.
Huelga describir la realidad de las cosas pequeñas, pero habrá que hacerlo porque él, ÉL, no cree que sea culpable: más de cuatro millones de parados, y creciendo; déficit desbocado, y creciendo; deuda pública prohibitiva, y creciendo; mapa autonómico descontrolado, y creciendo; inacción del gobierno, a pesar de los cambios; parálisis de criterios en el socialismo, y sin solución.
No ha especificado cuáles son los grandes hechos en los que ocupa su mente, pero la imagen en desgarradora: titubeante en la expresión, ojos sin vida, sobreactuación al escuchar un aplauso de una militante comprada, mirada al vacío, aspecto demacrado. Ya no duerme.
Zeta ha entrado en la zona cero. Y eso que aún no es consciente de que pasará a la historia como el peor de los presidentes, el que no hizo nada, el que fuera una inutilidad y el que será calificado como El incapaz.
Ya está en la hondonada de la zona cero, donde nunca se escuchan los aplausos: sólo caen piedras. Las mismas que utilizará para disponerlas a su alrededor y así aislarse definitivamente, en un trabajo agotador que él creerá útil para la sociedad. Pero las gentes mirarán desde arriba, con desdén, compadeciendo al loco que se esconde tras las piedras, incapaz de subirse sobre ellas.
“Que os resbalen las críticas” es la peor de las sentencias de un gobernante.
Tal es su locura, que el primer vídeo electoral del PSOE es una llamada al voto en nombre de Obama: sí, definitivamente se han vuelto todos locos.