Es tan grave lo que está ocurriendo en la cacería contra el PP que es ahora cuando se echan en falta los controles sociales que hemos ido perdiendo en nuestra Democracia. Un juez brinda por los próximos veinte años del PSOE en el poder, se va de fiesta con el ministro de Justicia, luego ataca al principal partido de la Oposición, y no se puede hacer nada.
La Constitución establece a los partidos políticos como uno de los pilares fundamentales de nuestro Sistema. Cuando desde el poder se ataca sin miramientos –y, de momento, parece que injustamente- al principal partido de la Oposición, estamos ante algo más que un escarceo político.
La acusación final de Garzón contra los tres encarcelados no es que trabajaran para crear una red de financiación ilegal del PP, sino que podrían haber sobornado con viajes y dinero en efectivo a algunos funcionarios o altos cargos en algunos ayuntamientos.
Es evidente que hay que actuar contra quienes practican el soborno en los dos sentidos: contra quien ofrece dádivas y contra quien las acepta.
Pero el discurso mediático del PSOE no ha sido que hay que limpiar de la vida pública a este tipo de caraduras, sino que el PP tiene una trama de corrupción. Y esto ocurre en el inicio de dos importantes campañas electorales, cuando todo parece indicar que la actuación judicial podría haberse retraso unas semanas.
Es decir, tomando como ejemplo la posibilidad de que alguien haya estado ofreciendo sobornos de manera individual a individuos concretos, el PSOE y el juez Garzón han lanzado la idea de que era todo el PP el que tenía una red de corruptos. Su fin es destrozar al adversario, sobre todo en dos plazas en las que las urnas le vuelven la espalda a la izquierda: Madrid y Valencia.
Desde su llegada al poder, Zapatero ha mantenido la táctica de ejercer de oposición de la Oposición. En el reparto de papeles institucionales, no es su rol, pero así ha venido trabajando durante cinco años.
Ahora bien, cuando ahora permanece impasible ante la connivencia de su ministro de Justicia con el juez que ha pretendido crear un halo de corrupción en todo el Partido Popular, su actuación se convierte en algo muy grave.
Asistimos a días en que se están perdiendo algo más que las formas: se está despreciando la norma básica de la convivencia, que es el respeto a la alternativa política, el respeto Constitucional.