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UN LÍO DE ESCOLTAS PARA ACOSAR A ESPERANZA AGUIRRE

No es fácil ser presidenta de la Comunidad de Madrid con personalidad y no morir en el intento, pero Esperanza Aguirre lo va consiguiendo. El ataque que sufre ahora por una imaginaria red de espías es sólo uno más de los muchos empellones y zancadillas que va viendo por el camino.

Todo parece indicar que en la Comunidad de Madrid se ha montado un lío espectacular por las ínfulas de algunos empleados de Seguridad, al margen de cualquier decisión política. Es decir, que si alguien ha espiado a alguien, que diría Gila, no son más que unos escoltas creyéndose que poseer copia de la agenda pública de un político tiene rango de espionaje.

Pero eso no es una red de espías: eso son unos insensatos con poco que hacer, jugando a James Bond. En realidad, es más fácil que tengan más información privada e íntima los porteros de una discoteca de moda que los escoltas de la Comunidad de Madrid.

Cuando los periodistas se preguntaban que quién sabía dónde estaba tal o cual personaje, la respuesta era clara: los escoltas.

No se resta gravedad al asunto administrativo por dar con la clave de que estamos hablando de unos descerebrados. Desde luego, los responsables de este desaguisado no pueden seguir en su puesto, ni por el prestigio de la mayoría de los escoltas, ni por la responsabilidad de la Administración. Pero hablamos de personal de Seguridad.

El problema para Esperanza Aguirre, el acoso, sobreviene porque ni siquiera en su propio partido parecen querer desentrañar unos hechos bastante simplones, y se han decantado por el ataque político. Y esta es la debilidad del PP: Gallardón nunca debió de expresar ninguna sospecha, pero mucho menos Rajoy. Una guerra entre personal de Seguridad no puede convertirse en un pulso político interno, porque la sensación final es que da asco.

Desviar la pelota al tejado de Rubalcaba suena, en este caso, a salida de pata de banco. Hablamos de policías, pero no dependientes del Ministerio del Interior. Así pues, encima le han dado bazas a Zapatero para que suelte carcajadas en público.

El resumen es que vale todo para acosar a Esperanza Aguirre, pero si algunos del PP hunden el barco, tienen un grave problema: ellos viajan en la misma cubierta.