Dice Zapatero que su objetivo político es la recuperación económica -¡qué novedad!-, pero lo más gracioso es que su ministro de Economía está desaparecido. Zapatero se reúne con los presidentes autonómicos para hablar de financiación y de presupuestos: ¿dónde está Solbes?; Zapatero habla con Putin para venderle Repsol a Lukoil: ¿dónde está Solbes?; Zapatero se reúne con expertos para analizar la crisis económica: ¿dónde está Solbes? Pues el ministro de Economía no está. Se le oye por las esquinas pedir el relevo, pero nada más.
Urge el cese del peor ministro de Economía que haya tenido España, no una vez, sino dos veces. Un funcionario de cuarta que ha sido incapaz de leer los análisis económicos que tenía encima de la mesa y que auguraban los peores tiempos; un incompetente que se ha mostrado inútil para evitar lo que él mismo denominó Sudoku en relación a los presupuestos autonómicos; un dejado que no ha tenido peso político en el Gobierno para pedir austeridad presupuestaria. Un inepto de tal magnitud que el día que aprueba sus presupuestos anuncia que no sirven de nada.
Ciertamente, el culpable final del desastre Solbes es Zapatero. Pero por un mínimo de dignidad personal, el ministro de Economía debería marcharse a su casa si acaso alguna vez le negaron alguna medida que resolviera la locura económica en la que estamos: Zapatero dice a todos lo que quieren oír, no hace nada para crear empleo, y está dispuesto a aumentar el déficit y subir los impuestos hasta donde haga falta, en la peor política económica que nunca haya sido diseñada en España.
Solbes, el ministro que, por segunda vez, dejará a España con records de paro, con la confianza en la Economía sumergida en un charco de detritus y con el gasto público inflado como un globo a punto de estallar.
Para mal de males, ni siquiera es convocado por Zapatero para las reuniones importantes. ¿Dónde está Solbes?: pues si no está en su casa, no sabemos qué hace que no se ha marchado ya.
Y los sindicatos, calladitos, que hay que cobrar.
