Ahora resulta que hay crisis, y que Zapatero se ve en la obligación de presentarse ante el Parlamento a exponer medidas descomunales para paliarla. Brillante diagnóstico gubernamental: como dijo Rajoy en su discurso, hemos evolucionado del no pasa nada, al pasa pero estamos bien preparados, al pasa lo peor y tenemos que tomar medidas extraordinarias. Lo que ocurre es que el presidente del Gobierno aparece como un boxeador sonado. Da golpes al aire esperando así acertar al contrario.
Pero la crisis le esquiva y le sacude a él, cada vez con más fuerza.
El líder del PP estuvo acertado al calificar de Desbarajuste las medidas presentadas por el jefe del Ejecutivo. Es una palabra perfecta que define a un gobierno a la deriva, que no sabe por dónde comenzar a achicar agua mientras el barco se hunde. Con el agua al cuello, siguen gritando que los pasajeros están a salvo, pero pocos se fían. Y menos los que no saben nadar.
Ahora, once mil millones repartidos para los ayuntamientos. Nadie niega que las corporaciones municipales necesitan financiación, pero hay que examinar con detalle cómo va a ser el reparto del dinero, pues ya conocemos la estrategia global: se ayuda a los del PSOE, a los nacionalistas, y a cualquiera, pero se acota a los del PP con un cordón sanitario.
La mayor parte de las capitales de provincia están gobernadas por populares. Veremos cuál es el trato del Gobierno.
Por lo demás, tal y como denunció Rajoy, el presidente del Gobierno había dicho en septiembre que no tomaría más medidas económicas que las que anunció. Ahora vuelve a presentar un presunto paquete, y nos tememos que con el mismo fin: fracaso.
Porque si algún gobierno es incapaz de transmitir confianza, de hacer creer a la gente que está al mando de la situación y que sabe cómo corregir el rumbo, es éste. ¿Confianza?, en cualquiera menos en Zapatero y su ministro de Economía.
Quizá el PSOE tenga hoy la sensación de que ya ha hecho algo. Que la mera imagen de comparecer en el Parlamento es suficiente para que la crisis cambie de signo. Pero tenemos malas noticias para los socialistas: por más que proclamen que lo suyo es la política social y que saldremos pronto de este bache, el desempleo sigue creciendo y los españoles se empobrecen más cada día.
Porque no se trata de armarse con palabras hueras: se trata de gobernar con atino, no salir al ring como un boxeador sonado.