Si Rajoy elige a Pizarro como el número uno del PP a las listas europeas significará el punto y final a la carrera política de Rajoy, porque Pizarro ya vivió su fin delante de toda España: este dientes de conejo es el único político que ha durado en política cuarenta y cinco minutos. Los mismos que tardó en perder su debate contra un tuerto en Antena 3. Pizarro no es nada sin el dinero de la publicidad de Endesa, que hizo ricos a los mismos que hoy se ríen de él, sin decirlo.
Pizarro es un tontón pesebrero. Un don nadie que llegó a la política haciendo la pelota a José María Aznar, como tantos otros. Un tipo que ha ganado dinero y dinero y dinero y, ya jubilado, se ha querido enganchar a la política a ver si así hacía algunos favores para seguir ganando dinero y dinero y dinero.
Pizarro es uno de esos tipos que denigran la política.
Se hace imprescindible un examen a Pizarro de quienes no lo conozcan: nadie en su sano juicio puede confiar en un tipo que fue capaz de pastelear en plena campaña electoral aunque su pacto conllevara a poner contra las cuerdas a Rajoy -su Don Mariano, siempre detrás de ti, expresión que le convirtió en mayordomo cuando se creía que era señor.
Pizarro no es nada sin su publicidad de Endesa: mil millones de euros gastó en hacerse una exitosa campaña personal entre los medios de comunicación y los comentaristas agraciados.
Pero ya no tiene mil millones de euros.
Ya no tiene nada.
Es un don nadie.
Este tontón pesebrero cree que puede caminar por la vida política sin que las gentes del PP se acuerden del daño que hizo en la campaña electoral: perdió contra un tuerto al que llamaba Señor Don Pedro, a saber por qué pactos ocultos, por qué dineros, por qué informes, por qué silencios.
Pizarro ha hecho mucho daño al PP.
Pizarro no es el PP.
Anda cazando moscas: aún hoy, explica cómo ganó el debate contra un tuerto, y resulta que, claramente, lo perdió en cuarenta y cinco minutos: ¡inédito!
El pesebrero Pizarro ahora pide ayuda a los que hizo ricos para que aún sigan hablando bien de él.
Es que es de Aragón, dice uno: y el dinero que te dio era de los españoles, dicen los demás.
Que le aplaudan los agradecidos.