Parece increíble, pero Izquierda Unida está a punto de despedirse definitivamente de la política española y la noticia ha sido recogida con desdén por los medios de Comunicación y con desprecio por la sociedad. Se hunde el comunismo y nadie va a ir a su funeral. Quién lo diría.
Julio Anguita fue el único líder capaz de razonar que para conseguir alguna atención en la sociedad ni debería llamarse lo suyo Partido Comunista, ni debía caminar de la mano del PSOE. Pero su marcha de la coalición sirvió para que los socialistas les dieran el abrazo del oso y, además, subrayaran sus características de izquierda radical. Así han llegado a un metro del abismo.
Izquierda Unida se ha dejado comer terreno por el PSOE, por los grupos ecologistas, por los nacionalistas y por todo aquel que tuviera algo que decir porque sus líderes se han ido haciendo viejos y sin capacidad para amoldarse a la nueva sociedad española. La palabra “comunista” no suena mal en España, no es un insulto, pero la han convertido en sinónimo de inutilidad, de no servir para nada.
Gaspar Llamazares seguirá en el Congreso de los diputados pero es el culpable de este final tan absurdo y tan silenciado. Aceptó gobernar con los socialistas, con los nacionalistas vascos y con todo aquel que le ofreciera unas migajas. La sociedad le está castigando muy duramente. Los que creyeron que la “pinza” de Anguita les restaba votos se equivocaron: fue el tiempo en el que IU gozó de un mayor referente social.
Ahora se están yendo. Casi todos sus votos irán al PSOE y a los nacionalistas, pero sus ideas desaparecerán. Ciertamente, en el Siglo XXI es difícil acertar con un mensaje desde el comunismo, pero más difícil es vivir del nacionalismo en un mundo globalizado, y ahí están. No se trata, por tanto, de ideas, sino de gentes, y las gentes de IU han demostrado no ser los mejores políticos de cada casa.
Se hunde el comunismo en España, y la respuesta es desdén y desprecio. ¡Si los franquistas levantaran la cabeza!