nov
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NADIE QUIERE SALVAR A RAJOY

Gallardón le ha dicho a Rajoy que no quiere encabezar la lista del PP a las Elecciones europeas, y así irán respondiéndole todos, salvo Mayor Oreja. Ya se ha subrayado anteriormente con harta claridad: si Rajoy pierde las Europeas, esa misma noche se va él y todo su equipo. No será un amago con un beso perdido al gentío, como ocurrió en las elecciones generales. Será el final. La secretaria general ya no tendrá que buscar cobardes traidores en el seno del PP: tendrá que acusar directamente a los electores.

Poner la cara por Rajoy parece que no le trae cuentas a nadie. Si se gana, significa consolidar el liderazgo de quien quería ser presidente, pero no político. Si se pierde, caerá por el mismo agujero que aquellos que prefieren buscar enemigos a mirarse al espejo.

Las Elecciones europeas se han convertido en el referendo del Congreso del PP en Valencia, donde participaron miles de compromisarios, pero no sus millones de votantes. Y los compromisarios estarán a gusto, pero en la calle la gente sigue sin convencerse de que Rajoy y su equipo quieran ganar las elecciones.

En el repaso diario de la actividad del PP es difícil encontrar un “pero”. Es decir, se esfuerzan en dar réplica a los desaguisados gubernamentales y en plantear alternativas. A veces, tienen frases brillantes. Pero planea por el ambiente un algo de desconfianza hacia este equipo que ni es moderado, ni se atreve a dar zarpazos. En resumen: no puede decirse que hagan las cosas mal, pero se muestran incapaces de generar entusiasmo frente a un Zapatero que no da ni una.

Rajoy tiene la agenda tan llena que no sabe dónde se despierta cada mañana, pero la sensación es que no sale del despacho; la secretaria general no entra en su oficina, pero nadie sabe dónde anda exactamente; el Grupo parlamentario pone al Gobierno contra las cuerdas cada semana, pero aparenta más un sumar anécdotas que un noquear al contrario.

Así las cosas, no sólo los cobardes a los que se refería María Dolores de Cospedal están en la expectativa del hundimiento del equipo. Se trata de salir a la calle y oír las voces. Por eso nadie quiere poner la carita en el cartel electoral.

Frente a un Zapatero acogotado por la realidad, camina un PP ausente. Quizá la vida entera sea un coñazo.