Miguel Sanz vio amenazado su sueldo y ha decidido romper la baraja. Gracias a su movimiento desleal, ya no tendrá que dejar la Presidencia de UPN. Y esa y no otra es la batalla que está librando un político que hace tiempo debía haber abandonado su cargo. No le importa tanto la Presidencia de Navarra, como el liderazgo en UPN. Yolanda Barcina tendrá que esperar.
Esta es la jugada que le ha salido a Sanz tras verse acoquinado contra el rincón. En política, como en las empresas, las cosas están claras: si se va a cambiar a alguien, anúnciese después de haberlo cesado, no con cuatro años de antelación.
A Miguel Sanz le amenazaron con echarlo, no sólo de la presidencia de Navarra, sino del mando de UPN. ¿Solución? En vez de crear un nuevo partido como hizo Juan Cruz Alli, se queda con todo lo que le construyó el PP. Es desleal y sucio, sí, pero a ver quién tiene arrestos ahora para cambiar de líder.
Es evidente que con el centro-derecha dividido, ni UPN ni el PP ganarán votos, ni escaños. Perderán el poder, claro. Pero a Miguel Sanz eso no le preocupa: él quiere convertirse en un nuevo Revilla, Munar, Rovira y toda esa nueva generación de políticos que viven para negociar prebendas, no para desarrollar un proyecto político.
Gane o pierda UPN en las próximas elecciones, él no sería presidente. Pero sin esta jugarreta, tampoco lideraría UPN. Hoy se está asegurando el sueldo. Sanz no está pensando en su Gobierno, sino en su futuro papel de negociador barato. ¿Por qué le sigue el resto de los miembros de UPN? Creerán que a ellos también les tocará algo.
Hizo bien el PP en esperar hasta el final antes de romper para que se viera claramente quién estaba jugando sucio. Y ha sido UPN. Ahora toca construir el partido desde cero. Operación difícil, pero digna. Y Miguel Sanz mantendrá su sueldo, pero olerá mal.