¿Qué necesidad tenía Zapatero de meter el dedo en el ojo a Sarkozy y a Berlusconi? ¿De dónde le salió el chiste facilón sobre las economías italiana y francesa? Pues no se sabe, pero el presidente del Gobierno va por la vida “haciendo amigos”. Quizá luego espere que le ayuden cuando necesite ayuda.
El viaje de Zapatero a Nueva York ha sido pésimamente planteado: ni se ha reunido con los empresarios que debía, ni el marco era el adecuado, ni ha dicho lo que tenía que decir, ni tampoco ha tenido relaciones bilaterales de la altura que corresponde al presidente de la novena (séptima, según él) potencia del mundo. Pésimo viaje a Estados Unidos.
La izquierdona debe pensar aún hoy que Estados Unidos representa el imperialismo y, por tanto, es poca cosa para ellos. Siguen anclados en esa cosa tan paleta de decir “si los yanquis no nos quieren, ¡que se fastidien!”. Por eso preparan un viaje a la ONU y a Nueva York con un planteamiento insensato, cuyo objetivo ha sido saludar a Lula y al presidente de no se sabe qué otro país en vías de desarrollo.
Los únicos amigos de Zapatero eran Chavez y Castro, pero ya no puede confiar en ellos. Después, quiso abrazarse al presidente turco, pero no le sale a cuenta; y hace unas horas ha pronunciado un discurso confesando que ahora quiere ser amigo de los Estados Unidos: demasiado tarde. Y demasiado infantil.
No es posible que el presidente del Gobierno español vaya por la vida “haciendo amigos” de esta guisa: chistes malos sobre la Economía italiana y la francesa; calificativos de “fracasada” a la canciller alemana, plantón al gobierno polaco en su primera bilateral, y detalles tan feos como inolvidables para las instituciones norteamericanas.
Si vivimos en un mundo global, la planificación internacional es tan importante como la política interior. Pero Zapatero entiende esa afirmación del siguiente modo: “voy a tratar a Bush, a Sarkozy, a Merkel y a Berlusconi igual que a Otegi”.
Y no se trata de eso.