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ECOLOGÍA, APOCALIPSIS Y DINERO

Dicen las últimas crónicas de las agencias espaciales de Estados Unidos y Japón que ha bajado la temperatura en el Polo Norte y que ha aumentado la capa helada (ver La razón, 28 de julio).

     Sucede en el mismo año en que se nos advirtió que, por culpa del cambio climático, el Polo Norte podría quedarse sin hielo este mismo verano del 2008 (ver El país, 28 de junio).

     La preocupación por el Planeta Tierra y por el daño que el hombre pueda hacer a la Naturaleza es de lo más noble que pueda defenderse. Ahora bien, ¿por qué las noticias apocalípticas son comentadas y se obvian aquellas que constatan una realidad más afable?

      La Ecología se ha situado tristemente en el ámbito de lo espeluznante, lo horroroso, lo espantoso. Los nuevos ecologistas parecen antiguos enviados de la Inquisición, dispuestos a gritar sus verdades más que a comentar sus reflexiones.

      Los nuevos ecologistas anuncian el fin del mundo, y, si no llega, lo anuncian para otra fecha.

     De este modo, los ecologistas pierden credibilidad, cuando se necesita alta capacidad de convicción para asuntos tan trascendentes.

     Es evidente que Sostenibilidad es el gran concepto del que debe empaparse en toda obra humana, sea proyecto político o privado.

     La preocupación por el entorno Natural se hace esencial en este Siglo XXI.

     Hasta el Papa Benedicto XVI ha advertido de ello y la Iglesia Católica ha establecido como pecado social la contaminación del Medio Ambiente.

     Pero la Verdad incómoda de Gore no puede traducirse permanentemente en un alegato contra todo y contra todos: un susto infinito.

     Ocurre que sin mensajes terroríficos no se llama la atención y no se consiguen fondos… Aquí surge la gran pregunta: ¿el Apocalipsis de los nuevos ecologistas tiene como objetivo recaudar dinero?

     Pues, entonces, están destrozando la noble tarea de preocuparse por la Naturaleza. Aún siguen siendo verdad las palabras del jefe indio Noah Sealt: Todo está conectado”. Pero sería conveniente no vincularlo a la cuenta corriente de la Asociación ecologista de turno.